Sí, SIEMPRE.
Pero no me malentiendas querido lector. Acertarás si causando acciones, iniciarás situaciones que dudo mucho sean tu intención y que muchas veces si no es que todas terminan por meternos en camisa de once varas (o hasta más).
Permíteme explicar: Acertarás cansando al otro (sea tu pareja, amigo, familia) que siempre se verá obligado a explicar detalladamente cada una de sus acciones hasta que te caiga el veinte o “te haga ver” que sus acciones jamás fueron mal intencionadas porque, seamos realistas, tú ya asumías que así lo fueran. Te perderás de que puedan sorprenderte con algo (puesto que todo lo asumes como “sospechoso” o mal intencionado, luego entonces cuestionas y la intensión de sorprenderte se esfuma, lo que a su vez lleva nuevamente a asumir algo peor que te estás ganando a pulso: que ya no te quieren (en el caso de la pareja) o que ya no como antes por lo que nuevamente vuelves a asumir o dar por hecho que “algo” pero no, tu está enfriando la relación.
No te haces responsable de tus actos, comienza un efecto dominó. Asumiendo que “algo” está mal pierdes oportunidades de conocer a la gente (sea más gente o sea conocerlas más profundamente de lo que tu mente loca por asumir situaciones generalmente te permite). Construimos una barrera hacia los demás. Nos deja en nuestro “safe space” para no tener que salir de él. Pensando mal nos creemos más que los otros porque creemos tener más desarrollada la intuición. Luego entonces, nosotros podemos “ver” que solo nos están tomando el pelo, que solo nos están usando… y ojo, la intuición no es lo mismo a tener la experiencia de haber confiado en la gente y que esta luego te dé la espalda o te haga una gachada; eso es otra cosa. Eso es haber sido herido y estar aún resentido, quedándonos en el rincón como animalito sin sanar, huraño ante los demás.
La intuición no es lo mismo que la experiencia, de acuerdo a la RAE:
(Del lat. intuēri). 1. tr. Percibir íntima e instantáneamente una idea o verdad, tal como si se la tuviera a la vista.
Es decir, se basa en la percepción. ¿Pero qué pasa cuando la percepción que tenemos esta averiada o “alterada” de facto? Pensando mal, nos adelantamos a sentir dolor, (si, así de enfermo que se lee lo ES) como si pudiéramos prevenirlo y la verdad es que nos lo hacemos nosotros mismos. Al pensar mal de las personas que amamos se apachurra el pecho cuando iniciamos este proceso mental y es curioso pero al mismo tiempo terminamos por hacernos menos (generalmente cuando se trata de la pareja) te hace volverte la víctima y no hacerte responsable de ti. Si tienes personas nefastas en tu vida de nadie más que de ti es la culpa, no del mundo que conspira contra ti. Tu sabes si las dejas o te alejas, consecuentemente te pierdes de experiencias de vida… te aferras a seguir como una roca y no cambiar… Además y por si fuera poco, no te permite conocerte a ti mismo más allá de esos miedos, te pone en un estado esquivo, nefasto, nada agradable ni para ti mismo.
Si tú fueras tu novio/amigo/esposo/pariente -¿te gustaría estar contigo?-
Mis recomendaciones. Cuando algo no te gusta HABLA, cuando tengas dudas PREGUNTA, cuando no sepas NO ASUMAS, y date permiso de ESCUCHAR a los demás antes de iniciar esa mentecilla que NO SIEMPRE te ha traído lo mejor, por ello.
A mismas acciones mismos resultados.